Nosotros llegamos a Canadá en 1996, por lo tanto nuestra experiencia es quizá un poco diferente a la de generaciones más recientes de inmigrantes venezolanos. Nuestra motivación era también distinta, estamos hablando de la época pre-Chavez. En ese momento yo estaba terminando estudios de post-grado en Rochester-NY, así que mi esposa Adriana y yo nos planteamos tres alternativas: Estados Unidos, Canadá o Venezuela.

Después de muchas consideraciones, al analizar los pros y los contras, la balanza se inclinó pronunciadamente hacia Canadá. En comparación con los Estados Unidos, Canadá nos ofrecía 3 factores muy importantes para nosotros:

  • Un proceso de inmigración muchísimo  más transparente.
  • La posibilidad de vivir en una sociedad más justa con una red de seguridad social donde, independientemente de lo difícil que pudiera ser el proceso de transición, la educación y la salud para nuestros hijos iban a estar garantizadas.
  • Un sistema de vida realmente progresista y multicultural (no de los dientes pa’ fuera), con dos idiomas oficiales y donde nacionalidad de origen, sexo, raza, orientación sexual o religión tienen un impacto bastante bajo en las posibilidades de éxito.

Por otro lado la perspectiva del retorno a Venezuela ofrecía el regreso a lo conocido, el círculo de soporte de familia y amigos, y para ser sinceros, el clima ☺. Sin embargo esto también representaba reinsertarnos en un sistema de valores donde el amiguismo, el estatus, la viveza, la apariencia física y la “pinta”, eran consideradas en el tope de las herramientas indispensables de supervivencia. Esto sin contar con que ya se veían en el horizonte las nubes grises de la tormenta que se acercaba.

Nuestra decisión estaba tomada. En ese entonces el proceso de inmigración era mucho más fácil, entre aplicación, papeleo, exámenes médicos, landing, etc, tardamos en total 3 meses. Así que al terminar mis estudios y con documentos de landing en mano, Adriana y yo montamos en el carro a nuestros chamos, Eugenia y Esteban de 4 y 2 ½ años, y apretujados junto a los cuatro peroles que teníamos en la residencia de la universidad y cruzamos la frontera.

Nuestro punto de llegada fue Mississauga, en un apartamentico bien modesto que alquilamos en Battleford Rd. Qué suerte y que experiencia tan importante fue vivir en este conjunto residencial donde vivíamos inmigrantes de todas partes del mundo y de diferentes estratos sociales en nuestros países de origen, junto con canadienses, asistiendo al mismo colegio, usando el mismo community centre, disfrutando de los parques y áreas verdes alrededor del laguito Aquitaine, y acudiendo al mismo hospital. Qué manera de abrirnos los ojos a la diferencia entre calidad de vida y estatus, esta fue nuestra lección # 1 en Canadá. Este fue el ambiente en que socializaron nuestros hijos, como resultado ellos son seres humanos 100 veces más evolucionados que nosotros, ellos ni lo piensan , esta visión de la vida para ellos es lo natural.

Por supuesto al principio las cosas no fueron fáciles. Recuerdo que la soledad y el guayabo nos afectaron más de lo que pensé. En ese momento habían relativamente pocos venezolanos al oeste del GTA, de hecho pasaron varios meses antes de que hiciéramos nuestra primera conexión con otros venezolanos. Primero, al igual que muchos otros, nuestro primer contacto fue la señora Helena Wulf y a través de ella su increíble familia y otras familias igualmente especiales quienes son los verdaderos pioneros de la oleada de inmigración de venezolanos a Canadá y a quienes nunca podremos agradecerles suficientemente la gentileza y el recibimiento caluroso que nos dieron.  Después empezamos a contactar a otros venezolanos recién llegados como nosotros, de nuestra generación, con intereses y grupos familiares similares. Este grupo se convirtió y es todavía nuestra familia en Canadá (ustedes saben quienes son). Con ellos crecimos, aprendimos y seguimos evolucionando en nuestra vida canadiense. Sin embargo el hecho de que éste originalmente era un grupo relativamente pequeño nos obligó a expandir nuestros horizontes y relacionarnos con personas fuera del círculo de venezolanos. Esta fue nuestra lección # 2, es muy importante salirse de la zona de confort e integrarse en la sociedad canadiense.

En cuanto al trabajo, basado en mi experiencia personal y en lo que he visto en casos de otros amigos, mi primera recomendación es tratar en lo posible de armarse con algún tipo de credencial de estudios de una institución en Norte América (lección #3), preferiblemente Canadá o en su defecto Estados Unidos. En mi caso yo tuve la suerte de poder llegar a Canadá con un título de una universidad Americana. Mi esposa, mi hermano, mi cuñada, y muchos amigos decidieron invertir en estudiar algo en Canadá y esa es una estrategia que los puso en la ruta de conseguir su primer trabajo en este país. Mi otra recomendación, quizá más importante, es mantener mente abierta (lección #4) no sólo para posiblemente empezar unos cuantos peldaños más abajo, sino también para cambios de carrera , tomar riesgos, y la posibilidad de un par de fracasos. En esto último yo tengo experiencia.

Finalmente mi última sugerencia: ante todo actitud positiva (lección #5). Esto pienso que viene en forma natural cuando se empieza a apreciar, disfrutar y  agradecer realmente el privilegio que significa formar parte de este país.