Aeropuerto de Toronto

Hace pocos días recibimos una nota desde España, de uno de nuestros lectores, en la que se nos preguntaba cómo habíamos venido a Canadá, si ya teníamos empleo al momento de llegar ó simplemente nos aparecimos con nuestras maletas en el aeropuerto de un país desconocido.  Decidimos responderle, no solo a él, sino compartir también con el resto de nuestros lectores.

Cuando aplicamos al proceso de residencia permanente, estábamos conscientes de que estábamos solicitando un permiso para vivir y trabajar de manera legal en Canadá, pero en ningún momento el gobierno nos garantizaba trabajo alguno.

Si, efectivamente debemos tener algo de aventureros, de los contrario no lo habríamos hecho, sin embargo, todo el proceso fue bien planificado y los riesgos analizados con anticipación. Tal como hemos contado en notas anteriores, a partir del momento que introducimos los documentos, iniciamos nuestra investigación, que incluyó entre otras cosas, un viaje de reconocimiento a Canadá.

Buscamos empleo desde Venezuela vía internet, sin embargo nuestra experiencia, fue que conseguir empleo estando fuera de Canadá, al menos en ese momento, era muy difícil, a menos de que fueras especialista en alguna de las áreas de más demanda en este país. Conocemos personas que si llegaron con empleo, e inclusive con una visa de trabajo, pero ellos eran ingenieros petroleros, ingenieros eléctricos, etc. de alta demanda en la provincia de Alberta.

Nosotros averiguamos tanto como pudimos antes de venir e hicimos nuestro presupuesto. Sabíamos el riesgo que asumíamos al venirnos sin trabajo y la posibilidad de comernos los ahorros. El aventurero que llevamos por dentro cada uno de los integrantes de nuestra familia, se debe haber impuesto, pues todos nosotros estábamos de acuerdo en dar el paso. Es cierto también que la situación de nuestro país se venía deteriorando de manera acelerada y este era el motor que nos impulsaba a tomar la decisión final.

Al llegar al aeropuerto, por más preparados que estábamos y por más aventureros que fuéramos, nos golpeó nuestra nueva realidad: comenzábamos una nueva vida, en un nuevo país, sin empleo, sin vivienda, sin colegios para nuestros hijos, sin familia y sin amigos, todo lo habíamos dejado atrás. Al mismo tiempo, teníamos una gran esperanza y mucha fe de que íbamos a salir adelante en esta nueva etapa de nuestras vidas.

La experiencia nuestra y la de las personas que nos rodean, es que a pesar de que los comienzos puedan ser difíciles, las cargas se enderezan en el camino y en pocos años tienes otra vez tu vida armada, en un país próspero y lleno de oportunidades.