Última semana antes de la partida. Estos fueron días de carreras. Por mejor preparados que pensamos que estábamos, nos quedaban cantidades de actividades por hacer, cerrar cuentas bancarias, vender carros, despedidas de la familia y amigos, regalar, botar, etc, etc, etc.

Con dolor en el corazón, dejamos nuestro perrito temporalmente en Venezuela mientras nos establecíamos. Para poder traerlo a Canadá en ese momento había que solicitar un permiso ante el Ministerio de Salud que tardaba varias semanas en obtenerlo y además de todo, en Canadá llegaríamos a un hotel e íbamos a estar buscando vivienda para alquiler y haciendo cantidad de trámites y diligencias para establecernos. Por eso, nos pareció conveniente, dejarlo con alguien de nuestra entera confianza, para luego, más adelante, cuando ya estuviéramos viviendo en el sitio escogido, lo trajéramos de nuevo a nuestro lado.

Ya llegó la hora, día de la partida, el corazón se nos salía, era una mezcla de emociones y susto. Todo aquello que habíamos estado preparando por más de 2 años estaba por suceder. Esa noche no pudimos dormir. Muy temprano en la mañana nos fuimos al aeropuerto con nuestras maletas, en nuestro caso, ya la compañía de mudanzas había empacado todo y había enviado el contenedor a su larga espera en el puerto, antes de poder ser embarcado. Recordamos la sensación que sentimos cuando el avión despegó, estábamos muy emocionados pero a la vez sabíamos que les estábamos diciendo adiós a nuestra familia y a nuestro país, era una sensación de desarraigo que es muy difícil de entender para alguien que no ha pasado por esto.

No conseguimos vuelo directo, lo hicimos a través de Estados Unidos, un poco más pesado por el tema de la inmigración en ese país y de la espera en el aeropuerto antes de tomar el avión que nos llevaría a nuestro destino final, Toronto.  Al llegar al aeropuerto de Toronto, pasamos a inmigración y al presentar los pasaportes con la visa de residencia permanente que habían estampado en la Embajada de Canadá en Caracas, el oficial, muy amablemente, nos condujo a una sala especial para las personas que estaban haciendo el landing (primera llegada al país como residentes permanentes).  Allí nos sentamos y esperamos un rato hasta que otro oficial llamó al grupo familiar y nos hizo varias preguntas tales como, cuál sería la ciudad donde nos estableceríamos, cuántos fondos traíamos,  una dirección en Canadá (no de hotel) donde enviarían las tarjetas de residencia permanente y otras preguntas que no recordamos. Además nos pidió la lista de todas las pertenencias que llegarían por barco, en el contenedor.

Fue un proceso muy sencillo, todas las personas que nos atendieron fueron muy amables y al final nos atendió una señora que nos entregó un paquete con información de servicios que ofrecía el gobierno, para ayudar a los recién llegados a establecerse más fácilmente. Después recogimos nuestras maletas como cualquier turista, pero una vez que pasamos las puertas que nos llevaban a nuestra nueva realidad, nos propusimos mirar hacia adelante, a un nuevo futuro que se nos abría en ese momento, llenos de incertidumbre, pero con mucha confianza en que habíamos tomado la decisión correcta.

En la próxima entrega contaremos cómo fueron nuestros primeros días en Canadá.