Yo no quiero ir para Canadá…

Esto fue la primero que se me vino a la mente cuando mi esposo me propuso considerar a Canadá como país de destino para empezar una nueva vida,  alrededor del 2005. Habíamos estudiado en Estados Unidos y mi primera opción ante la situación de Venezuela, siempre fue regresar a USA. No conocíamos Canadá, no teníamos familiares, amigos, ni referencias.

Estaba contenta con mi vida en Venezuela y con mi trabajo, pero la verdad es que cada vez me sentía como una extraña en mi propio país a diferentes niveles. La inestabilidad, la situación económica y política, la inseguridad, la frustración de vivir en un país sin ley… son muchas de  las cosas que terminaron empujándonos a salir.

A pesar de mi reticencia, empecé a averiguar sobre el proceso canadiense e  inicié la aplicación sin pensarlo mucho ni investigar sobre el país, era algo que iba corriendo mientras seguíamos viviendo nuestras vidas. Sin embargo, después de un año difícil en el que nos robaron dos carros en 10 meses, fuimos víctimas de un secuestro express y además de un intento de robo en casa de mis padres, la expectativa del proceso canadiense cambió y se empezó a convertir en nuestra oportunidad de salida.

Al año de introducir la planilla de aplicación, llegó una carta de la embajada solicitando el resto de los documentos de soporte. En ese momento, recuerdo, estaba empezando en un trabajo nuevo, pero ya la opción de Canadá había cambiado mi perspectiva  y empecé a sentir la temporalidad de mi vida en Venezuela. Un año después llamaron para solicitar los exámenes médicos y 12 días después de hacernos los exámenes, recibimos la llamada de la embajada diciéndonos que las visas estaban aprobadas y que lleváramos nuestros pasaportes, a partir de ese momento teníamos un año para irnos.

En ese año pasamos por enfermedades familiares; a nivel laboral, se nos presentó una propuesta de  de trabajo en otro país de Latinoamérica y después,  de nuevamente sopesar las circunstancias y oportunidades, seguimos adelante con el proceso de Canadá y  salimos de Venezuela 13 días antes de que se venciera nuestro plazo para llegar a al país.

Finalmente llegamos  en Noviembre, con el invierno cerca. No conocíamos nada así que llegamos a un hotel y por dos semanas nos dedicamos a buscar apartamento, hacer las diligencias de entrada al país, y a comprar lo básico para empezar nuestra vida aquí. También contactamos amigos y conocidos que ya estaban en Canadá, muchos más venezolanos de lo que nos hubiéramos podido imaginar; todos nos ayudaron de una forma u otra a asentarnos y empezar la búsqueda de trabajo.

Buscar trabajo es sin duda el reto más difícil y donde todo se pone a prueba, porque es realmente cuando te das cuenta que estas empezando de nuevo.  Una de los consejos más repetidos es que através de networking,  se consiguen las mejores oportunidades  y que existe un mercado de trabajo oculto que constituye un gran porcentaje de la oferta real, un mercado de trabajos que nunca son publicados.  Al final una mezcla de networking con internet funcionó para nosotros, después de incontables aplicaciones y muchas entrevistas. Probamos también certificaciones, cursos  profesionales  y trabajos no profesionales.

Pienso que la búsqueda de trabajo es parte del proceso de adaptación y la clave es la perseverancia y la adaptabilidad para ir modificando objetivos e incorporando enseñanzas, no sólo sobre la búsqueda en sí, sino como insertarse en una nueva cultura, cómo deshacerse de prejuicios y cómo crear nuevas formas de ver la vida. Con el trabajo de mi esposo (a los 5 meses de nuestra llegada) compramos el carro, con el segundo trabajo (el mío, un año después de nuestra llegada) tuvimos nuestra casa.

En un par de meses cumplimos dos años en Canadá y nuestra vida no se diferencia mucho de la que teníamos en Venezuela, tenemos trabajos profesionales en nuestras áreas, buenos amigos con quien compartir, vacaciones que planificar, y diligencias que hacer que nos dejan con muy poco tiempo libre. Pero es una nueva vida en muchos sentidos; de mi nuevo país son muchas las cosas que quiero, no es sólo la seguridad y la estabilidad, son pequeñas cosas que se juntan en una forma muy diferente de ver, sentir y vivir; y si algo sigo aplicando es el tener la mente y el corazón abiertos para seguir adaptándome, es la  misma actitud que me ayudó para ver más allá de mi primer impulso cuando hace 6 años me dijeron “vámonos para Canada”.

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