Tal como comentamos en la entrega anterior, en el mes de junio, recibimos las visas de residencia permanente y nos habíamos trazado como meta, llegar a este país antes de comenzar el año escolar.

Teníamos muchas incertidumbres, ¿Nos llevaríamos con nosotros los muebles ó era mejor venderlos y comprarlos nuevos al llegar a Canadá? ¿En qué zona del área metropolitana de Toronto nos estableceríamos? ¿En qué colegio estudiarían nuestros hijos? ¿Qué documentos debíamos mandar a traducir? ¿Dónde nos hospedaríamos temporalmente al llegar? A estas y muchas otras preguntas debíamos tratar de conseguirle respuesta a la brevedad posible.

Pedimos presupuestos con varias compañías de mudanzas para saber cuánto nos costaría el traslado de nuestros muebles y paralelamente averiguamos por internet cuánto nos costaría comprarlos nuevos al llegar. Sitios como Ikea, The Brick, Leon’s, Sears, Crate and Barrel, entre otros, nos sirvieron de referencia para tener una idea de lo que tendríamos que gastar si comprábamos muebles nuevos. También averiguamos cuánto dinero podríamos obtener por la venta de nuestros muebles en Venezuela. Finalmente decidimos que haríamos nuestra mudanza con una compañía seria y nos traeríamos en ella, además de nuestros muebles, toda nuestra historia familiar, ya que económicamente ésta era la mejor opción en ese momento.

Conversando con una pareja amiga que vivía en los suburbios de Toronto, nos recomendaron vivir en las afueras de la ciudad ya que era más tranquilo, más familiar, conseguiríamos excelentes colegios y a la vez estaríamos muy cerca del centro de la ciudad. Siguiendo sus recomendaciones, investigamos todo lo que pudimos de Oakville, Mississauga y Burlington. Hicimos contacto con un corredor de bienes raíces que nos recomendaron y acordamos que al llegar, nos ayudaría a conseguir una vivienda para alquilar. Pensamos que la mejor opción para nosotros era alquilar el primer año, para darnos el tiempo de conocer las distintas zonas, los precios reales de las viviendas, la ubicación definitiva de nuestros empleos, antes de dar el paso de invertir.

Investigando que colegios eran buenos, nos encontramos con el reporte anual de Fraser Institute,  el cual califica los colegios de acuerdo a distintas variables. Seleccionamos los colegios que consideramos queríamos para nuestros hijos, dentro de las zonas que habíamos escogido para vivir.

Queríamos que nuestros hijos estudiaran en colegios públicos católicos y averiguamos cuáles eran los documentos necesarios para inscribirlos. En ese momento, pedían la partida de bautismo, las notas de los años cursados y el certificado de vacunas, entre otros. Por tal motivo mandamos a traducir todos estos documentos para presentarlos en el colegio. Además traducimos nuestros títulos universitarios, notas, partida de matrimonio, entre otros.

Y dónde llegaríamos???  Buscamos múltiples opciones y finalmente reservamos una habitación con cocina en un aparto-hotel que se adaptaba a nuestro presupuesto.

Y por último, y no menos importante, reservamos pasajes porque en esa fecha por ser verano, los aviones vienen repletos de turistas, las tarifas son costosas y los puestos disponibles son escasos.