Cuando hicimos el landing (primera entrada a Canadá como residentes permanentes) salimos del aeropuerto y nos dirigimos al hotel que habíamos reservado desde Venezuela. En ocho maletas, traíamos lo que usaríamos hasta que llegara la mudanza 3 meses después.

Ese mismo día al llegar, llamamos a la corredora de bienes raíces que ya habíamos contactado semanas antes. Era fin de semana y la verdad es que no fue mucho lo que pudimos hacer, más allá de visitar a nuestros amigos y de pasear en carro tratando de conocer tanto como pudimos.

Por ser época vacacional las oficinas de los colegios estaban cerradas, no abrirían hasta una semana antes de iniciarse las clases. Tal como les habíamos contado en una entrega anterior, ya habíamos identificado previamente los colegios en los que nos gustaría que nuestros hijos estudiaran y algunas de las zonas donde deseábamos vivir, sin embargo estábamos tranquilos porque ya nos habían dicho que el cupo en cualquier colegio estaba seguro, siempre y cuando la dirección de la vivienda que alquiláramos estuviese dentro del distrito escolar al cual pertenecía el colegio.

Al día siguiente de llegar fuimos a uno de los centros comerciales cercanos al hotel donde nos estábamos alojando y sacamos un teléfono celular, que junto a la computadora, fueron muy útiles durante las siguientes semanas para poder realizar todas las diligencias que tuvimos que hacer.

Previamente habíamos analizado las opciones y decidimos que queríamos vivir en casa en lugar de apartamento ya que nos dimos cuenta que de acuerdo a nuestro presupuesto y al espacio que necesitábamos, una casa era nuestra mejor opción, a pesar de que eso significaría palear nieve en invierno y hacer el jardín el resto del año.

Ya habíamos definido la zona donde queríamos vivir, lo que nos ayudó a recortar los tiempos de búsqueda. La corredora inmobiliaria cada día nos enviaba por correo electrónico una lista con las opciones que ella consideraba se adaptaban a nuestro presupuesto, dentro de las zonas que habíamos seleccionado. Revisábamos por Internet cada una de las opciones y le indicábamos a la corredora cuales eran las que deseábamos visitar. Ella hacía las citas necesarias (normalmente deben hacerse con 24 horas de anticipación) y durante el día visitábamos las casas.

El sistema es bien distinto al que estábamos acostumbrados en Venezuela, la corredora de nosotros hacía la cita y el corredor del propietario que está ofreciendo la casa en alquiler le suministraba a ella un código para abrir un pequeño candado que cuelga de la puerta en el que dejan la llave de la casa, de tal manera que raramente conseguimos ó vimos a alguien en alguna de las viviendas y siempre estuvieron disponibles pues los propietarios normalmente salen de la casa a la hora acordada.

Realmente no había tantas opciones como imaginamos que tendríamos, pero suficientes para encontrar una que nos gustó mucho, se adaptó a nuestras necesidades, y quedaba cerca del colegio que finalmente escogimos. 

No fue sencillo que nos aprobaran el alquiler de la casa porque no teníamos historial crediticio en Canadá, sin embargo, después de negociar y dar las garantías que el propietario exigía y esperar cerca de una semana, firmamos el contrato y terminamos mudándonos tres semanas después de haber llegado al país.