Recuerdo cuando la idea de buscar oportunidades en un país que brindara seguridad y estabilidad a nuestra familia, se convirtió en la nueva meta que perseguiríamos a corto y mediano plazo. Eran momentos de incertidumbre, no sabíamos a donde ir, por eso, empezamos a investigar las diferentes opciones disponibles para nuestro proyecto de inmigración. Habíamos escuchado, que entre los países más desarrollados, Australia y Canadá ofrecían un programa para atraer inmigrantes de manera permanente. Ambos países tenían (y aún tienen) enormes posibilidades de crecimiento que solo pueden ser alcanzadas con la ayuda de una fuerza laboral extranjera.

Pero, ¿si ambos países eran tan buenas opciones por qué nos decidimos por Canadá? Realmente, Australia fue descartada sin mucha consideración por su lejanía respecto a nuestro país de origen, Venezuela. Considerando que nuestra familia seguiría en Venezuela, era importante para nosotros establecernos en un sitio que nos permitiera seguirnos viendo con cierta regularidad.

Nos dedicamos a investigar los distintos programas de inmigración a través de los cuales era posible emigrar, de manera legal, a este país. Una vez que decidimos que solicitaríamos la visa de residencia permanente bajo el programa de trabajadores calificados del gobierno federal, entonces empezamos a reunir todos los requisitos exigidos por el gobierno de este país, proceso que nos tomó cerca de 3 meses.

Al tener todos los documentos necesarios, los introducimos en la embajada y comenzó el conteo regresivo. A pesar de que no teníamos una fecha segura, ni siquiera la certeza de que las visas serían aprobadas, durante los siguientes 2 años nos preparamos para la partida. Era un plan de familia, por lo tanto debíamos estar todos de acuerdo y con deseos de hacerlo. En nuestro caso, ya nuestros hijos eran adolescentes, por lo tanto, era muy importante que ellos también estuvieran comprometidos con el proyecto. Un año antes de que aprobaran las visas, tuvimos la oportunidad de visitar varias ciudades de este hermoso país y definitivamente, a pesar de que visitar de turismo estas tierras no es lo mismo que vivir en ellas, nos dio una buena idea de lo que era el país.

Vancouver, Isla de Vancouver, Calgary, Edmonton, Toronto, Ottawa y Quebec fueron las ciudades que conocimos en el viaje que terminé llamando, el viaje de mercadeo del país. Evidentemente cada uno de los integrantes de la familia tenía opiniones distintas pero coincidimos en muchos puntos. Como buen ingeniero y con una mente cuadriculada, hice una matriz en la cual evalué  un número importante de variables tales como, posibilidades de empleo, costo de la vivienda, educación para nuestros hijos, costos de vida, clima, etc.

Nos pareció que Vancouver es una de las ciudades más hermosas del planeta, no solo gracias al orden y la limpieza que la caracterizan, sino a su construcción y al sitio en el cual está enclavada; Quebec es una tacita de plata, parece un pequeñísimo rincón de París en Norteamérica; Montreal: es una gran ciudad, hermosa y una de las opciones que teníamos en mente; Ottawa es una ciudad espectacular con multitud de oficinas del gobierno; Calgary y Edmonton son ciudades llenas de oportunidades de empleo, sobre todo en el área petrolera, aunque bien alejadas de la mayoría de los grandes centros urbanos.

Finalmente decidimos establecernos en Toronto, y entre las razones que nos llevaron a tomar esa decisión podemos enumerar: Oportunidades de empleo, en esta ciudad están establecidas compañías de diversas industrias; Clima, después de Vancouver, es la ciudad que cuenta con los inviernos menos fríos; Costo de la vivienda, a pesar de ser elevados, no son tan altos como los de Vancouver, pero equivalentes a los precios de vivienda en Calgary; Educación, cuenta con numerosos colegios (gratuitos) y universidades muy bien ranqueados; Ubicación, está a solo 5 horas de vuelo de Venezuela y también en pocas horas en carro puede llegarse a algunas de las ciudades más importantes de Estados Unidos.